"Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme. Entonces los justos le responderán: Señor, ¿Cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cúando te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte? Y el Rey les dirá: De cierto os digo, que en cuanto lo hicísteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicísteis."

San Mateo 25:35-40


Llamamos "sueño" a un hecho que no se ha podido concretar.

En cuanto a la solidaridad, no es un sueño si vemos el ejemplo de Cristo, sino un hecho concreto; un ideal latente en quienes conocen su historia y la entienden.
Como jóvenes de la iglesia luterana, hemos adquirido esta conciencia y hemos querido seguir, como muchos otros, la obra de Cristo, una obra diacónica.

Así, introducimos ya en forma activa y paralela a nuestro aprendizaje de la vida de Jesús, obras solidarias en el grupo.
Podemos hacer tanto, y aunque nunca sea suficiente, contribuimos a hacer de este mundo algo mejor.
A pesar de la falta de tiempo, el estudio y el stress de la vida diaria, es reconfortante ver como llegamos todos el sábado, día en que generalmente nos reunimos a continuar la obra de Cristo, nuestro guía y amigo.

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